I
-No eres ningún desgraciado- dijo; hablábamos por Skype y la conexión era bastante mala. Cada poco aquello se cortaba, entonces tenía que desconectar el dispositivo Airport durante unos segundos para reconectarlo, así la conexión parecía concentrarse con más fuerza.
Era un truco.
-Bueno, todo depende del prisma desde el que se mire- respondí-
Esta estúpida conversación.
Viajar es muy útil, hace trabajar la imaginación.
El resto no son sino decepciones y fatigas.
Nuestro viaje es por entero imaginario. A eso se debe su fuerza
Va de la vida a la muerte. Hombres, animales
Ciudades y cosas es todo lo imaginado.
Es una novela, una simple historia ficticia.
Lo dice Littré, que nunca se equivoca.
Y, además, que todo el mundo puede hacer igual. Basta con cerrar los ojos.
Está del otro lado de la vida.
II
V I O L E N C I A
No soy ninguna víctima.
Sólo hay que verlos a todos. La verdad es que sí, no sé cómo sigo aquí o mejor dicho, no sé cómo estoy así.
Cuando era pequeño, a menudo imaginaba que todos eran hombres lobo (también era un truco).
Conseguía que el pánico inmovilizara todos mis pensamientos, entonces, metía unas cuantas cosas en una maleta de juguete, quería huir, salir corriendo lejos.
Les tenía pavor, como hoy. Todos se reían porque era un niño simpático, espabilado que se dice.
Cuando los vi por última vez, no se diferenciaban en mucho a uno de esos monstruos, sus cuerpos estaban retorcidos.
Las células, bailaban una configuración. Una que mata.
Las experiencias se manifestaban en la profundidad con la que examinan sus pupilas. Inquietan.
El aire pesa.
El aire se solidificaba en los pulmones de todos ellos.
III
Exhumar instantes.
Sabor a sangre en la boca.
En realidad nada está tan lejos. Eso hay que tenerlo claro.
Eso es lo que era, sangre, vómitos, el revólver de papá, la luz de la ambulancia abofeteando los objetos, haciendo sombras binarias.
Violencia sudada en los músculos de la cara con los ojos muy abiertos.
La ambulancia no era para mí.
Pero me había meado encima, no pude salir de la cama en días, muchos días.
Arrebatar, da igual, lo que sea, a hostia limpia.
Sentía un profundo ridículo mientras te saltaba los dientes, pero una fuerza extraña me impedía dejar de hacerlo. Te rompí los dientes y en aquel instante, absolutamente todo lo que había en la habitación reventó contigo sobre el tablero de ajedrez; tienes que entenderme, eres un maricón.
Un marica. Hay que enseñarte.
Algo tienes que aprender, hijo. Hijo, no seas maricón por favor.
Si eres maricón alguien puede llegar y hacerte esto, ponerte la boca sobre un tablero de ajedrez. Hijo, si eres maricón, estarás loco para toda la vida porque eres malo.
No lo seas mecagoendios, que te machaco el hígado.
V
Tienes 15 y llevas navaja porque la quieres clavar hasta el fondo.
VI
Lo físico nunca es lo peor.
El cuerpo, el cuerpo no importa.
VII
No te acerques demasiado, que nunca se sabe…
No me jodas!!
VII
Ah, que te quieres morir?, serás gilipollas.
Coge el revólver. Que no te tiemblen las manos, no seas maricón.
Cógelo!.
Póntelo en la cabeza y dispara que quiero ver cómo realizas tu deseo.
Hazlo! O lo haré yo!.
La verdad es que esta historia termina y lo que interesa saber es que aquel chaval tuvo huevos, a pesar de que la pistola estaba descargada.. Yo lo vi. Porque estaba allí y, esta vez no me salpicó la sangre de nadie.
Yo debía tener cinco años, e hice como cuando Papá llegaba de trabajar. Saqué la cubitera, eché hielo en unos vasos anchos y puse dos copas de whiskey. -La otra era para mí-
El chaval cuando se hizo mayor, se fue a vivir a Suiza y montó un restaurante. El restaurante le iba muy bien, tenía un montón de empleados y un día a la semana hacían shushi.
Publicado en marzo 7, 2011
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